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Javier Irigoyen García La ciencia ficción en Leopoldo Lugones Nº 5 May-Jun/99
Lugones en el marco de la ciencia ficción A la hora de encuadrar a Lugones, la crítica literaria -y sobre todo a nivel académico- se ha resistido sistemáticamente a hacerlo dentro del campo de la ciencia-ficción, que no acaba de ser un género plenamente admitido como digno de estudio, y lo ha enmarcado en su lugar en la literatura fantástica, con criterios no siempre bien fundamentados. A decir verdad, ni siquiera están muy claros los límites entre un tipo de literatura y otra, dejando aparte lo temático, que es casi el aspecto menos caracterizador. Hay quien aduce que los cuentos científicos apenas forman una mínima parte de la producción de Lugones (que sólo cultivó el género en su colección de relatos Las fuerzas extrañas), cuando en muchas ocasiones esa misma proporción se da también en otros autores ya consagrados como escritores de ciencia-ficción, oscilando entre temas muy diversos, de los que el científico no es más que uno más, tan susceptible de ser ficcionalizado como cualquiera.

Pero lo que voy a tratar de demostrar a lo largo de este trabajo no es tanto la influencia que en Lugones pudieran ejercer otros precursores de la ficción científica(H.G.Wells, Poe o Villiers L'Isle Adam) como que él fue en cierta medida el precursor de un molde literario que, aunque enraizado en una tradición anterior, será luego cultivado por la ciencia-ficción (sobre todo la latinoamericana) y transmitido, a través de ésta, a escritores mucho más lejanos en el tiempo y el espacio, como el caso de Stanislaw Lem, con el que trataré de justificar mi comparación.

Síntoma de este hecho es que en las dos recopilaciones de ciencia-ficción latinoamericana publicadas por ahora en España se reclame siempre en primer lugar a Lugones. Bernard Goorden es el más explícito en la introducción a la edición de Martínez Roca: "Lo que sin duda se puede llamar «escuela argentina de SF» conoció muy temprano sus precursores, grandes clásicos de las letras nacionales, a pesar de que parezca que hayan tratado la SF inconscientemente [...] Habrá que esperar hasta 1906 y la aparición de Las fuerzas extrañas para encontrarnos de nuevo [antes se ha citado a E.L Holmberg] con relatos de SF, un poco ahogados en una fantasía lujuriosa que ha engendrado la muy impresionante escuela de escritores locales más allá de J. L. Borges"(pg.15). Y dice Sergio Gaut vel Hartman en el prólogo de Ultramar: "¿Por qué nos empeñamos en seguir llamando cf a una literatura que - en el mejor de los casos - apenas roza la ciencia tangencialmente? ¿Qué compulsiva fidelidad nos liga a un rótulo anglosajón cuando en nuestro propio acervo contamos con predecesores como Lugones, Quiroga, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Borges, Cortázar, Bioy Casares, García Márquez?"(pg.11). O sea, que la adscripción de Lugones a la literatura fantástica tendría su sentido en el contexto de Hispanoamérica, donde la ciencia-ficción no sería más que un subtipo de lo "maravilloso", mientras que en la science-fiction norteamericana es a la inversa, pues es precisamente ese rótulo el que engloba cualquier relato de temática fantástica.

Scari también incluye a "Las fuerzas extrañas" en la "ficción científica", pero no es posible coincidir con su opinión de que "estos cuentos se distinguen, en virtud de la rigurosa base científica que los respalda, de aquel grupo de obras desde el punto de vista literario, aunque no por ello menos difundidas, de pura y exagerada fantasía en que poco o nada importa la relación que puedan tener con la ciencia"(pg.164), e insiste (basándose en Patrick Moore, Science and Fiction, London, 1957) en diferenciar la que tiene verdaderos méritos literarios de la ciencia-ficción folletinesca, "obras en que la ciencia es ignorada por completo [...] literalmente anticientíficas", y parece no darse cuenta del riesgo de esta clasificación, que basa sus criterios de juicio no en el análisis de lo propiamente poético, sino en el elemento extraliterario, en este caso lo científico. Es más, incluso desde la misma posición defendida por Scari cabe hacer una objección: todas las afirmaciones de que Lugones "no desvirtúa el elemento científico" y las continuas alusiones al supuesto saber que despliega se usan sin más para concluir que su intención era "seria", más científica que literaria (normalmente partiendo de la tan repetida frase de Borges acerca de Lugones: "El propósito del autor es expresar seriamente una hipótesis"). Sin embargo, ningún crítico se adentra de verdad en esas hipótesis supuestamente tan coherentes, porque ellos mismos no son científicos y carecen de los conocimientos necesarios para refutarlas (y ni falta que hace). Caen así en el error de continuar el pacto narrativo más allá de la lectura, y no diferencian entre la lógica narrativa (que existe) y la lógica científica (que no incumbe a un libro de cuentos).

Más bien, como dice García Ramos (1996, pg.37) "La literatura permite el roce de cualquier disciplina (en colaboración ancilar) sin perder su esencia; pero aquélla a quien toque, mutación maravillosa, se convertirá en literatura", y ,por lo tanto, en cuanto que es literatura, lo que merece atención por parte de la crítica son los recursos formales de que Lugones echa mano para expresar ciertos contenidos (en cuanto que estos pueden determinar el empleo de determinados recursos), y no la medida en que esos contenidos se corresponden con su referente.

Según el criterio de Scari, si se descubriera que las reflexiones de Lugones no tienen ninguna adecuación científica (que lo dudo), eso supondría descalificarlo como escritor, lo que evidentemente no tiene nada que ver. Con todo, y para ser justos con Scari, que abunda en matizaciones, hay un punto de razón en evaluar la aplicación de los conocimientos científicos del autor, que supone un logro literario que abre nuevas formas del relato, sin que eso implique desacreditar a otros escritores que aborden temas científicos sin detenerse a profundizar en ellos.

Stanilaw Lem y "La nueva cosmogonía" "La nueva cosmogonía" aparece incluida en Vacío Perfecto, una colección de prólogos a libros inexistentes, de inspiración explícitamente Borgeana y publicada por primera vez en 1971. No hay, sin embargo, ninguna referencia directa a Lugones, ni en éste ni en ningún otro libro de Lem que yo conozca. ¿Por qué prestarle entonces tanta atención?.

Dejando aparte la propia afirmación de Borges de que "no es necesario haberlo leído para ser su discípulo"(citado por García Ramos, pg.26), que en este caso supone a Borges como un eslabón en el cultivo y continuidad de un género muy específico, Lem recupera de Lugones elementos que Borges había desdeñado, dado que sus inclinaciones eran más filosóficas que científicas. Con los datos disponibles, asegurar que Lem haya leído directamente a Lugones puede parecer muy atrevido, pero, como ya iré exponiendo, son demasiadas coincidencias como para considerarlas meras casualidades o, si acaso, atribuibles a influjos indirectos.

En palabras de Lem "La nueva cosmogonía es un discurso imaginario de un premio Nobel, donde se nos propone una imagen revolucionaria del universo". Como "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones" resulta un relato extraño en el conjunto del libro que lo contiene, pues no se trata de ningún prólogo, y además está colocado en último lugar, lo cual da una indicación de su relevancia. Ese premio Nobel inventado resulta llamarse además Alfredo Testa (el único latino entre nombres germánicos, eslavos o, como mucho, franceses), el cual expone una teoría que no es suya, sino de un tal Aristides Acheropoulos (Lugones era un gran apasionado por el mundo griego, idioma del que tradujo varios libros), cuya vida es prácticamente desconocida, a pesar de la revolución que produjo en el seno de la ciencia. La conferencia se sitúa en un futuro indefinido, lo cual no es sino una técnica para, desde él, hacer referencia a la ciencia del siglo XX, que no tomó en serio a Acheropoulos. Tampoco es de extrañar, porque Acheropoulos no había tenido más remedio que resignarse a que "La nueva cosmogonía" se publicara en una colección de ciencia-ficción (¿una nueva referencia a Lugones?).

No acaban aquí las afinidades, pero será mejor volver sobre Lugones e ir viendo más detalladamente hasta qué punto Lem pudo llegar a tomarlo como modelo.

Un resumen de las ideas filosóficas y científicas en "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones" Desde luego que no se trata de una corriente de pensamiento homogénea, pero en ella sí que subyace una actitud común hacia el conocimiento, actitud que Bertrand Russel califica de "genuinamente científica [...] Pero no era solamente científica, era imaginativa y vigorosa, y llena de amor a la aventura"(Historia de la filosofía occidental, vol.I, pg.111). Existe también coincidencia, fruto de esa actitud, en la metodología empleada, pues "No hubo una distinción clara en los tiempos antiguos entre la observación empírica y el argumento lógico [...] Hasta los sofistas, ningún filósofo parece haber dudado de que una metafísica completa y una cosmología pudieran establecerse por combinación de muchos razonamientos y observación"(id., pg.111). No en vano Lugones era un apasionado por la cultura helénica y había hecho numerosas traducciones del griego.

En primer lugar, hay un deseo de completar la realidad, lo que queda fuera de los límites de la ciencia - que en la antigüedad, si es que puede hablarse propiamente de "ciencia", eran mucho más difusos -. Ese impulso de rebasar lo cognoscible empíricamente es antiquísimo (y en parte puede considerarse como un resorte de la literatura fantástica), como refleja la existencia de cosmogonías y mitos en todas las culturas sin excepción, sea cual sea su desarrollo tecnológico, es decir, su "horizonte científico", fuera del cual siempre queda un vacío que la imaginación tiende a rellenar inevitablemente. En su momento, la originalidad de los presocráticos reside en que sus especulaciones están desligadas (en gran medida) de prejuicios religiosos o culturales. Una vía de investigación que el empirismo del siglo XIX desecharía como ciencia (puesto que el nuevo método científico se limita a formular sus hipótesis sobre los datos observables); pero siempre es posible valorar las teorías científicas desde dos perspectivas: tanto por su adecuación con la realidad como por su belleza estética. Lugones cultivará ambas vertientes.

Lugones, gran conocedor de los griegos, parece querer filosofar en términos muy parecidos a los suyos, pero se encuentra, a pesar de que esos mismos filósofos sean considerados por los historiógrafos como precursores del pensamiento científico, con que el concepto de "ciencia" no tiene ya casi nada que ver entre unos y otros, y que todo producto semejante a los de la "ciencia" antigua ahora sólo tienen cabida en la literatura, en la fantasía, lo que en su mayor parte se debe a la evolución del "horizonte científico" y a la decisión de la ciencia moderna de no ir más allá de lo empíricamente cognoscible. Eso será precisamente lo que le ocurrirá a Aristides Acheropoulos, el personaje de Lem, del que dice "Desde el punto de vista de la ciencia elaborada a través de la historia, lo dicho hasta ahora es una divagación de loco"( pg.234).
Este dilema conlleva a una consideración sobre la epistemología de la ciencia, qué es ciencia y qué no, la reflexión sobre sí misma, y Lugones advierte que su teoría ya no encaja en la ciencia de su época, y la aplica en su otra pasión, ese cajón de sastre de la literatura. De no ser así, le hubiera podido pasar como a Kant con su hoy desconocida "Historia natural general y Teoría de los cielos"(1755), de la que B. Russel se burla porque "Hay trozos que son puramente fantásticos, por ejemplo, la doctrina de que todos los planetas están habitados y que los planetas más distantes son los que tienen mejores habitantes; un criterio elogiable por su modestia terrestre, pero que no está apoyado por razones científicas"(pg.324,II), y la anécdota resulta chocante precisamente por quién fue su autor, porque ¿quién se atrevería a afirmar que Kant fue un escritor de ciencia-ficción? Al fin y al cabo tampoco es - en apariencia - tan diferente de "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones", mezclando la fantasía con un propósito de explicación científica.

Como dice Barcia "El acelerado progreso científico promueve el género literario y lo devora, como Cronos a sus hijos"(pg.33), señalando que el cambio de paradigma científico va dejando fuera de la ciencia muchas cuestiones que bien se transforman en otras disciplinas más o menos para-científicas, bien son recogidas por nuevos géneros literarios que las adoptan como elementos constitutivos.

La incorporación del mito, o la mitificación de la ciencia Lugones, pues, se desplaza a un terreno dominado por la religión y la mitología, y lo que hace entonces es darle apariencia científica a esos mitos, actualizándolos. Si platón había utilizado el mito (reducido a una alegoría) para filosofar, Lugones emplea la filosofía y la ciencia para construir nuevos mitos, más adecuados a los tiempos modernos. Como dice el fingido Alfredo Testa, refiriéndose a Aristides Acheropoulos, "el lector sufre la impresión de afrontar una revelación de sobrecogedora novedad y, al mismo tiempo, de leer un plagio, una nueva edición de mitos más antiguos, surgidos del fondo impenetrable de la historia humana y traducidos al lenguaje de las ciencias naturales"(Lem, pg.222).

Esto se ve en la progresión del relato: desde el principio se abruma al lector con datos y pruebas que apenas entiende, introduciendo si acaso planteamientos presocráticos, en cuanto que son problemas aún vigentes, con un texto que se corresponde, palabra por palabra, con el discurso científico. Pero paulatinamente se irán incorporando cuestiones religiosas; la primera alusión aparece al final de la "Tercera lección" de las diez en las que se divide el relato, y poco a poco se irán desgranando explicaciones aparentemente científicas a temas como el amor, la muerte o el papel del hombre en la creación, conjugando al mismo tiempo un punto de vista religioso no demasiado ortodoxo.

El objetivo de esta progresión en el relato es partir desde lo que se plantea como una exposición científica hasta llegar a una nueva mitología basada en lo pseudo-científico, es decir, que da la impresión de que la concepción del cuento va evolucionando conforme su autor percibe que su cosmogonía no puede ser defendida en círculos especializados (lo que corrobora que sí lo intentara con "El tamaño del universo", que dio a conocer en una conferencia, y en un libro de cuentos).

Pero quizá lo más importante es que no se limita a revestir al mito de una formulación científica, sino que mitifica también la propia epistemología de la ciencia y los problemas del conocimiento. Veamos un ejemplo:

"Las consecuencias de su lógica [la del pensamiento], anteriores al conocimiento de los hechos, puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la identidad de sus leyes con las que rigen el universo"(pg.269).

Y esta coincidencia entre la lógica y las leyes del universo se produce porque es aquélla la que ha engendrado a éstas, y no al revés, invirtiendo así todo el pensamiento moderno desde Platón; lo que viene a decir Lugones es que si las ideas están ya en la mente es porque ha sido la voluntad humana la que ha obligado al mundo a ser como es. Del mismo modo invierte también, esta vez explícitamente, la hipótesis de la evolución darwiniana (su heterodoxia es tanto religiosa como científica):

"Antes del proceso cristalino y del vegetativo [...]el espíritu del hombre existía ya [...] como una entidad sintética que dirigía la evolución todavía poco diferenciada de su planeta"(pg.275). "El hombre es, pues, el progenitor del reino animal"(pg.276).

Se atribuyen pues intencionalidad y determinismo a la evolución, que no sería más que una vía para llegar, tanteando, al hombre, que es tanto su objetivo como su provocador. Es más, como agentes no omnipotentes (de una entidad todopoderosa no cabría explicar nada), su voluntad comete "fallos":

"Los fracasos de mundos estallados en asteroides o consumidos en las hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que convivieron con otras aún existentes, revelan errores de criterio y de procedimiento en esas inteligencias primordiales"(pg.271).

"Muchos errores había cometido el hombre, espíritu puro sin conciencia, en sus engendros de la animalidad así como en los tanteos para adoptar su propia forma; y de este modo [...] iban formándose los monstruos (fracasos) cuya descendencia estudia nuestra paleontología"(pg.278).

El papel otorgado al "error" en la teoría de Lugones no trata tan sólo de explicar los hechos que no terminan de encajar, sino de dar una respuesta (fantástica, pero respuesta) a cuál es la relación entre la lógica (la física, las matemáticas y en general el conocimiento humano) y el cosmos, cuál es la fiabilidad de las leyes físicas; si éstas están sacadas de la realidad (y son por tanto identificables con ella), o si no será en cambio la lógica humana la que se superpone al universo para entenderlo. Su propuesta consiste entonces en afirmar que las matemáticas describen la esencia del cosmos, porque fueron ellas quienes lo originaron: el pensamiento precede así a la existencia (es el idealismo filosófico llevado a su extremo más fantástico). Si en la ciencia actual son los sistemas lógicos y deductivos los que han de aproximarse a la realidad, en Lugones es la realidad la que se tiene que ir aproximando a la lógica (como lo prueban los "errores" de las inteligencias), y por eso escribe, a propósito de los anillos de Saturno:

"Los astros sólidos no debieran presentar esa conformación. Saturno es realmente un defectuoso del espacio"(pg.253).

Este será la idea fundamental desarrollada más tarde por Stanislaw Lem, aunque ciñéndolo a la cosmogonía (no entra a considerar aspectos como el de la evolución humana), desechando cualquier aspecto místico y con un tono abiertamente paródico. Lem argumenta que si la realidad no es aún idéntica a la lógica es sólo porque la Creación no está todavía acabada:

"La coincidencia se producirá cuando el trabajo creador llegue a su término: su desarrollo todavía continúa. Las leyes de la Naturaleza no son todavía como «deben» ser; ya cambiarán, pero no gracias al perfeccionamiento de la Matemática, ¡sino a las adecuadas transformaciones del Universo!"(Vacío Perfecto, pg.226).

El punto de partida es diferente al de Lugones: a Acheropoulos le preocupa el silencio del universo, cuando todos los datos apuntan a que deberían existir muchas otras civilizaciones, y se pregunta hasta qué grado de desarrollo científico podrían haber llegado. Su premisa es que la ciencia terrestre, no demasiado avanzada, está todavía en un estado que "sigue tomando la Naturaleza por el límite superior de la perfección"(V.P., pg.231):

"Las llamadas «leyes de la Naturaleza» son inamovibles sólo para una civilización «embrionaria» como la terrestre. Según Acheropoulos, el desarrollo de las civilizaciones recorre el camino en dos etapas: en la primera, descubrimos dichas leyes, en la segunda, somos capaces de establecerlas"(V.P., pg.232).

Acheropoulos imagina deductivamente "las condiciones iniciales del juego", con un universo cuya física no era uniforme en sus inicios, sino distinta, según la parcela que se tratase. Cuando una civilización llegaba a la segunda etapa de desarrollo, trataba de extender su física para estabilizar su entorno, hasta que tropezaba con otra civilización con las mismas intenciones; el primer paso entonces era la lucha de una física contra otra (puesto que la comunicación es imposible entre físicas opuestas); el segundo, el de deducir la táctica del juego; y el tercero, poner medidas para evitar ese enfrentamiento, como la expansión del universo y la convergencia de las físicas para homogeneizar el universo. Pero aquí Alfredo Testa critica a Acheropoulos porque "Creía [...] que físicas no idénticas podían producir una lógica única"(V.P., pg.237).

Sobra con este resumen para ver que las dos visiones son bastante diferentes, pues al fin y al cabo la formación de Lem es materialista y racionalista. Sin embargo, sus actitudes son muy parecidas: la de ir más allá del horizonte científico y hacer una especie de metáfora disfrazada de ciencia. Otros elementos comunes son el de interpretar la realidad como un acto de voluntad y el de explorar una nueva concepción entre lógica y realidad.

Algunas especulaciones acerca de la intención original de Lugones y un probable cambio de objetivo sobre la marcha Aunque coincido con García Ramos en no hacerle demasiado caso a Borges cuando dice que "el propósito del autor es expresar seriamente una hipótesis"(afirmación que ha condicionado en gran medida la crítica posterior de Las fuerzas extrañas), la consideración de cuál sería su intención original al comenzar a escribir este conjunto de relatos puede arrojar una luz sobre su correcta interpretación. No creo que esto suponga una contradicción con lo que llevo dicho, porque precisamente lo que intentaré demostrar es que Las fuerzas extrañas no se deben a un plan premeditado, sino que la concepción de los cuentos fue evolucionando a medida que los iba escribiendo.

En el texto quedan huellas de esa intención inicial, la "seria", la de dar a conocer sus reflexiones científicas como tales. La más significativa, tanto en "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones" como en "El origen del diluvio" (otro de los relatos incluidos en Las fuerzas extrañas), es el uso de la primera persona del plural, que no encaja con el marco de la enunciación, dado que el emisor es siempre un individuo aislado. Podría entenderse que ese plural tiene aquí un valor mayestático, y efectivamente debía serlo en la génesis de estos dos relatos, pero Lugones no lo corrigió después (¿un olvido?), y en su estado actual, tal y como los conocemos, causa bastante extrañeza. En "El origen del diluvio" pueden observarse muchas incongruencias, como el empleo de las formas "es sabido que"(pg.175), "El ejemplo clásico"(pg.175), "Nadie ignora, por otra parte"(pg.176), "Mencionaré, por último"(pg.176),que atentan contra el decoro narrativo, pues no es esperable (ni se justifica) que un espíritu hable de manera semejante, ni concuerda un tono tan "académico" con la patética confesión final: "...He aquí lo que mi memoria, millonaria de años, evoca con un sentido humano, y he aquí lo que he venido a deciros descendiendo de mi región - el cono de sombra de la tierra. Os añadiré que estoy condenado a permanecer en él durante toda la edad del planeta"(pg.179). Pero es especialmente desconcertante la frase "Los datos que anteceden, nos ponen ya en situación de explicar el fenómeno al cual están dedicadas estas líneas"(pg.176, la cursiva es mía), que indica evidentemente que se trata de un texto escrito, y no de una revelación oral por parte de un espíritu, que es lo que se supone que es.

Conclusiones: el modelo De todo lo dicho en los apartados anteriores lo que más me interesaría destacar no son sin embargo los aspectos temáticos, en los que me he adentrado, por un lado, para dilucidar en qué grado condicionan su forma literaria, y, por otro, para intentar refutar la afirmación de Scari de una buena ciencia-ficción debe tener una "rigurosa base científica"(lo cual sería además adoptar un punto de vista preceptista de los géneros literarios), pues ni Lugones ni Lem lo son. Su acierto consiste precisamente en parecerlo.

Es de sobra conocido que la parodia requiere como base un buen conocimiento del modelo. Del mismo modo que Cervantes imita el esquema narrativo de los libros de caballerías para escribir el Quijote, Lugones y Lem tienen siempre presente cómo es el discurso científico, y partiendo de él construyen otro que no lo es en absoluto, pero que maneja el mismo léxico especializado (cuya función consiste en reforzar "la suspensión del descreimiento", pues al lector, inclinado por su naturaleza a creer lo que va a leer, no le queda otro remedio cuando no entiende los argumentos del narrador para sustentar una u otra tesis) y recurre al contraste de hipótesis y al argumento de autoridad (Lem, como buen sucesor de Borges, lleva el recurso a su extremo, y tanto las opiniones a favor o en contra como la imponente carga erudita son completamente ficticias).

Las fuerzas extrañas representan la búsqueda de un nuevo modo de expresión, un acercamiento progresivo desde modelos más o menos tradicionales hasta el hallazgo de formas más originales. A esa fase de tanteo, en la que Lugones se limita a integrar la teoría en una trama, pertenecerían los relatos "La fuerza Omega", "Un fenómeno inexplicable", "La metamúsica", "Viola Acharontia" y "El Psychon", que como señala la crítica se inspiran más directamente en los escritores que ahora son considerados como precursores de la ciencia-ficción; si bien, como apunta Barcia (pg.32) "en otro aspecto difiere Lugones de sus contemporáneos en el género, y es en el espacio cedido a la fundamentación científica en el seno del relato". Probablemente Lugones intuyera entonces esa nueva posibilidad narrativa y acentúa ese aspecto ensayístico, pues aunque "El origen del diluvio" y "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones" todavía parecen fundirse en un argumento, éste no es más que una justificación narrativa del relato; la relación se ha invertido, y el discurso científico no es ya una explicación de los hechos, sino al revés. Con estos dos cuentos Lugones da pie a una tradición de "fantasías metafísicas" en las que como dice Bioy Casares "lo fantástico está, más que en los hechos, en el razonamiento"(Antología de la literatura fantástica, pg.13). De su influencia hace eco Darko Suvin:

"Tales analogías filosófico-antropológicas altamente sofisticadas quizá sean hoy la región más significativa de la ciencia-ficción [...] Situadas entre Borges y los alcances superiores en los que se transforman gradualmente las mejores utopías, anti-utopías y sátiras, este campo semántico es una variante moderna del «conte philosophique» del siglo dieciocho."(1)

La exposición central de su teoría debió ser pues concebida en principio con verdadero entusiasmo científico, sin ninguna aspiración literaria, y no fue sino más tarde, al darse cuenta que sus hipótesis resultaban demasiado disparatadas para que nadie las tomara en serio y que como material científico era completamente inservible, cuando se le ocurrió la idea de incluirlo en el único sitio en el que podía darle cabida (Lugones era un publicador compulsivo). Entonces, tras varios tanteos, concibió su posibilidad narrativa y lo desarrolló como un cuento que adopta la forma de un ensayo científico. El hecho es que acertó, aunque es difícil determinar si por un propósito determinado o por pura casualidad (Lugones no volvió a hacer relatos en esta línea, lo cual puede querer decir que no era muy consciente de lo que había creado). Desde luego, si "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones" fue un logro como cuento, hubiera sido un desastre como ensayo, o en palabras de Darko Suvin:

"Y si Fourier [y es curioso que este mismo autor sea también citado por Lugones] hubiera publicado su visión de anti-leones y un mar de limonada con el mismo editor de Julio Verne, ¿se habría convertido ésta en ciencia-ficción? Empezamos a movernos en el mundo borgeano, donde el mismo texto tiene distintos significados según la intención del autor."(2)

Notas 1. La traducción, con todos sus errores, es mía: "Such highly sophisticated philosophico-anthropological analogies are today perhaps the most significant region of SF [...] Situated between Borges and the upper reaches into wich shades the best utopias, anti-utopias, and satires, this semantic field is a modern variant of the «conte philosophique» of the eighteenth century"(Metamorphoses of science fiction, pg.30).

2. "And if Fourier had published his vision of anti-lions and a sea of lemonade with Jules Verne's editor, would it thereby become SF? We are beginning to move in the Borgesian world, where the same text has opposite meanings according to the intention of the author"(pg.59).

Bibliografía
  • Barcia, P.L."Introducción" a Cuentos fantásticos de Leopoldo Lugones. Castalia. Madrid. 1987.
  • Borges, J.L., Edelberg, B. Leopoldo Lugones. Buenos Aires. Troquel. 1955.
  • Borges, J.L., Bioy Casares, A., Ocampo, S. Antología de la literatura fantástica. Edhasa. 1996.
  • Goorden, B., Van Gogt, A.E. Lo mejor de la ciencia ficción latinoamericana. Martínez Roca. Barcelona. 1982.
  • Lem, Stanislaw. Vacío perfecto. Ediciones B. Barcelona. 1988.
  • Lugones, Leopoldo. Las fuerzas extrañas. Cátedra. Madrid. 1996.
  • Russel, Bertrand. Historia de la filosofía occidental(2 vlos.). Austral. Madrid. 1994.
  • Scari,R.M. "Ciencia y ficción en los Cuentos de Leopoldo Lugones". Revista Iberoamericana. nº57.1964. pp.163-187.
  • Suvin, Darko. Metamorphoses of science fiction. Yale University Press. New Haven & London.1979.
  • Uribe, Augusto. Latinoamérica fantástica. Ultramar. Barcelona. 1989.
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