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Número 5

Entrevista con Miquel Barceló sobre el UPC

Jacobo Cruces
  Miquel Barceló es una de las pocas personalidades relacionadas con el mundo de la ciencia ficción española que apenas necesita presentación. Director de la colección NOVA y autor de la influyente Ciencia ficción - Guía de lectura, es el impulsor del premio UPC de novela corta, en la actualidad uno de los más apreciados e importantes certámenes del panorama internacional del género.

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¿Por qué existe el premio UPC de novela corta de ciencia ficción? Me temo que soy el culpable más directo. En enero de 1991, cuando se cumplían los 20 años de la fundación administrativa de la UPC formé parte de un grupo de responsables de bibliotecas de la UPC que acudía a la Universidad Tecnológica de Virginia para conocer a fondo el que luego ha sido el sistema de catálogo y consulta de nuestra biblioteca .

Aproveché el viaje y la cercanía para intentar convencer al rector (Gabriel Ferrater) y al director de la Bibliotecas de la UPC (Lluís Anglada) del interés de los universitarios del mundo anglosajón por la ciencia ficción.

Así, le llegué a proponer que el concurso literario interno que el Consejo Social de la UPC realizaba cada dos años, pudiera convertirse, con ocasión del veinte aniversario de la UPC, en un concurso abierto de ciencia ficción

En principio se pensó en una única edición. Luego, el éxito de la primera convocatoria (limitada sólo a España y a catalán y castellano), permitió proponer la versión internacional (aceptando también novelas en inglés y francés) y de entonces hasta ahora todo han sido buenos resultados.

¿Como llegó a la UPC el interés por la ciencia ficción? Hay que tener en cuenta que la UPC es una universidad tecnológica. Tendemos a a formar gente muy especializada que, en sus estudios, están dominados por el peso de las ciencias.

Por eso, si se piensa en un posible acercamiento al mundo de las “letras” y a la literatura en concreto, resulta que la ciencia ficción parecía ser el camino más fácil para que nuestros estudiantes de ingeniería y arquitectura se acercaran a la literatura.

Hay que recordar que el Premio UPC nació junto al proyecto de mantener en las Bibliotecas de la UPC una sección de ciencia ficción que cuenta ya con bastantes más de 1000 volúmenes.

El proyecto de la Biblioteca de Ciencia Ficción de la UPC, iniciado por Lluís Anglada, ha sido un verdadero éxito y algunos de los títulos de ciencia ficción se han alzado, año tras año, con el record de haber sido los libros más consultados en todas las bibliotecas de la UPC. En concreto, El juego de Ender de Orson Scott Card obtuvo resultados espectaculares en cifras de préstamo.Tras ocho años, creo que se puede decir que la ciencia ficción tiene ya su “nicho” ecológico en la UPC.

De los escritores que se presentan, ¿hay muchos que publiquen habitualmente obras de este género? Ha habido varios profesionales norteamericanos e ingleses que se han presentado al premio. Por citar sólo los ganadores y finalistas más conocidos tenemos (en orden alfabético) nombres como: Gregory Benford, Michael Bishop, Alan Dean Foster, John Gribbin, Jack McDevitt, Mike Resnick, Robert J. Sawyer, etc. Y hay otros nombres famosos entre los que se presentan, tal y como puedo constatar cuando, una vez determinado el fallo de cada año, veo la lista completa de participantes.

Creo que también la mayoría de escritores conocidos de la ciencia ficción española se han presentado al premio alguna que otra vez, e incluso algunos lo han ganado. En este caso difícilmente se puede hablar de “profesionales”, pero sí de “habituales” en la ciencia ficción española.

Hay también nombres de gran importancia en la ciencia ficción española actual que, simplemente, parecen haber “explotado” con el premio UPC como parece haber ocurrido con, por poner sólo un par de ejemplos, Javier Negrete o Daniel Mares.

Pero lo que a mí me parece más interesante del Premio UPC de ciencia ficción es que, gracias a él, muchos autores, conocidos o no, han intentado abordar la novela corta y superar el ámbito más breve del cuento corto. En una ciencia ficción española que tenía en cierta forma muy difícil la publicación de novelas largas, el aumento del número de personas que han intentado abordar la novela corta habrá de ser, a la larga, positivo.

John Clute ha escrito hace poco una defensa de la ciencia ficción, en la que se acusa a los editores y escritores de considerar este género como algo infraliterario.  ¿Qué consideración tiene este género para los  responsables de la UPC?  ¿Auténtica literatura o simplemente un  incentivo, una especie de aperitivo para abrir boca? La ciencia ficción es un género literario, pero no todas sus realizaciones alcanzan la cumbre de “lo literario” y pese a ello, puede resultar de interés por el poder de la especulación o por ese sentido de lo maravilloso.

Para quien ha leído un poco, es fácil constatar que es muy difícil (por no decir imposible) encontrar en la ciencia ficción la prosa de un Delibes, un García Márquez, un Borges o un Cela, por poner sólo ejemplos indiscutibles. En la ciencia ficción hay que buscar otra cosa.

Algunos jóvenes airados pretenden reducir la ciencia ficción válida a la que se ocupa de algunos aspectos del experimentalismo literario y, aunque hay en la ciencia ficción algunos pocos casos ejemplares (“Una galaxia llamada Roma” de Barry Malzberg, por ejemplo), no parece que sea esa su finalidad.

A mí me molesta en cierta forma que estén surgiendo autores que pretenden ofrecer en la ciencia ficción un mayor nivel literario que el de Asimov o Clarke (por poner los ejemplos más manidos de los autores clásicos a quienes se acusa de “poco literarios”), sin llegar “en lo literario” ni a la suela de los zapatos de lo que es exigible cuando uno compara con Delibes, García Márquez, Borges o Cela, por seguir con los mismos ejemplos de antes.

El problema es que esa mayor atención a lo “literario” se acaba convirtiendo demasiado a menudo en un fiasco en lo que es más específico de la ciencia ficción: la especulación inteligente y el sentido de la maravilla.

Hay que aceptar que la visión general de la mayoría de la población es que la ciencia ficción es un género poco “literario” y poco interesante para un público adulto.

La realidad de la Biblioteca de Ciencia Ficción de la UPC y el gran uso que se le da como indica la gran tasa de rotación de préstamos, demuestra que la cf en la UPC tiene su razón de ser.

No será tan “literaria” como quisieran algunos pero resulta interesante y atractiva. En una época en que se leen pocos libros, ¿qué más se puede pedir?

Este año Ediciones B ha recortado el número de títulos anuales en la
colección NOVA. ¿Podría llegar a afectar esto al premio?
En principio no debería afectar. La idea inicial era sacar unos nueve o diez títulos al año. Luego nació la colección de fantasía y acabé preparando casi una veintena de títulos al año para Ediciones B. Cuando cerramos la colección de fantasía intenté mantener un alto ritmo de títulos en NOVA que pasó a tener unos doce títulos al año.En 1999 hubo un cambio de política en la editorial, que decidió reducir el número de títulos producidos a un máximo de siete u ocho títulos para NOVA que, evidentemente, incluyen el título anual del Premio UPC. Ahora mi empeño está en conseguir que NOVA pase de esos ocho títulos al año a unos diez que me parecería más correcto y, posiblemente, me permitiría de nuevo introducir novelas de autor español. Estoy convencido que, mientras la UPC organice el premio, Ediciones B va a seguir publicándolo.
Uno de los aspectos más interesantes de la ceremonia de entrega de los premios es la presencia del conferenciante. Has traído grandes figuras del género. ¿Cómo haces para atraerlos a un acto así? Lo cierto es que tengo algunos conocidos en el mundillo internacional de la ciencia ficción y he abusado de ellos y de su ayuda. También, al ser editor de cf en España, ciertos autores pueden ver su asistencia a Barcelona como una actividad promocional.

En cualquier caso, la llamada de una universidad de prestigio para pronunciar una conferencia y asistir por tres o cuatro días a una ciudad hoy famosa como es Barcelona suele ser aliciente suficiente para que la mayoría acepte la invitación. Aunque debo reconocer que he tenido algunos rechazos (casi siempre motivados por razones de salud) como me ha ocurrido con Arthur C. Clarke, Ursula K. Le Guin o Stanislaw Lem, a quienes no hemos logrado convencer. Pero, de momento, el conjunto de los autores que han venido es brillante y me enorgullece.

 
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