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La primera vez que hablamos de la posibilidad de organizar una HispaCon en Gijón fue poco después de la del '93. Sabíamos que muchos de los asistentes habían quedado, como mínimo, descontentos y queríamos quitarnos el mal sabor de boca.
Pero durante muchos años, la cosa no pasó más allá de conversaciones alrededor de un café (bueno, en realidad de varios, no somos tan tacaños) y de planes locos que nunca llegarían a realizarse. Entretanto, el tiempo fue transcurriendo: tres HispaCones en Burjassot, una más en Cádiz, otra en Mataró... y la posibilidad de organizar una en la ciudad en la que vivíamos estaba cada vez más lejana.
Pero a lo largo de esos años la Semana Negra de Gijón se había ido interesando cada vez más por la ciencia ficción: en cada edición, un grupo de autores nacionales y uno o dos extranjeros eran invitados y aquello empezó a convertirse en una especie de mini convención del género: una docena de aficionados de todo el país (junto a los autóctonos) empezaron a tomar por costumbre dejarse caer por la Semana Negra todos los años.
Una cosa lleva a la otra, como se suele decir. Poco antes de la Semana Negra del 99 Cristina Macía se puso en contacto conmigo y me comentó, entre otras cosas, que uno tras otro todos los autores extranjeros del género que iban a venir había ido cayendo por el camino, hasta el extremo de que la Semana Negra de este año se quedó sin actos relacionados con la ciencia ficción (no es del todo cierto: varios miembros de la Junta de la AEFCF hicieron una pequeña presentación del Fabricantes de sueños) Lo segundo que me comentó es que gran parte de los autores que no habían podido venir este año (nombres entre los que se contaban Tim Powers, Harlan Ellison o Robert Sheckley) se habían comprometido en firme para la Semana Negra del 2000. Cristina terminó su historia con una simple pregunta:
-¿Y si organizamos la HispaCon del 2000 paralelamente a la Semana Negra?
La idea, desde luego, no carecía de atractivo. Aprovechar la infraestructura y la cobertura informativa de la Semana Negra para promocionar una HispaCon como nunca antes. Usar el enorme espacio con el que cuenta la Semana Negra (algo más de un kilómetro a lo largo del que las carpas, las exposiciones, las librerías, los bares, las atracciones de feria o los miniconciertos conviven sin solución de continuidad) para que lo aficionados al género hicieran de él su casa. Poder permitirnos contar no solo con todos los autores nacionales, sino con una buena representaciones de los mejores escritores internacionales del género. Y, de paso, sacarnos del dedo gordo la espina clavada de Gijón '93. Los chicos de la Semana Negra nos estaban poniendo todo cuanto queríamos en bandeja.
Pero una luz roja de advertencia parpadeó en lo más profundo de mi cabeza. Ya conocéis el viejo dicho: "no lo desees demasiado porque a lo mejor lo consigues". Presentí que ese "organizamos" en la boca de Cristina Macía me iba a incluir y, si algo odio en este mundo, es trabajar. Claro que no había problema, me dije, la HispaCon del 2000 estaba ya concedida y dudaba mucho que Zaragoza accediera a posponer su congreso en favor nuestro.
Me equivocaba. Puestos al habla con los organizadores, ellos me comentaron que por su parte no había ningún problema, siempre que se entendiera que su HispaCon quedaba meramente postergada al año siguiente y en modo alguno cancelada, algo perfectamente lógico, por otro lado. Lo cierto es que tenemos una gran deuda con ellos y creo que nunca podremos agradecerles lo bastante su generosidad.
Mascullé una maldición entre dientes y no me quedó más remedio que ponerme a trabajar. Por un lado había que convencer a la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción de que accediera al cambio; por el otro había que buscar un grupo de gente entusiasta (y un poco loca) dispuesto a trabajar en organizar el asunto.
Desde el principio contamos con el apoyo de la Junta de la AEFCF, algunos de cuyos miembros tuvieron unas palabras con Paco Ignacio Taibo II, el director de la Semana Negra. Cuando, algo más tarde, comenté el asunto en la lista de correo de la Asociación, la mayoría de los contertulios se mostraron a favor de la idea, en distintos grados, desde la reacción entusiasta a la precavida, pero ninguno nos dio el "no" por respuesta sin habernos escuchado. Falta todavía que la Asamblea dé su aprobación, y en el fondo de mi corazón aún tengo la esperanza de que un voto negativo de esta me permita seguir haciendo el vago, pero el fantasma de Murphy es muy activo, así que temo que tendré que trabajar pese a todo.
Para rematar la faena resulta que hay gente dispuesta a romperse los codos para que las cosas salgan adelante y la HispaCon del 2000 (AsturCon, como la llamamos entre nosotros) sea una realidad y encima funcione. Más de una docena de personas, de entre el grupo que se reune todos los viernes en la cafetería Avalón, están ahora mismo trabajando en el organigrama del congreso, en ponerse en contacto con los autores, en diseñar el Premio Domingo Santos, en buscar subvenciones para todo aquello que la Semana Negra no pague,
en...
Y aquí estamos, en Santiago, dispuestos a presentar nuestro proyecto de HispaCon y no sabemos bien si temiendo o deseando que sea aprobado. Tenemos ideas, tenemos entusiasmo, contamos con a una infraestructura potente por no mencionar una cobertura informativa inédita hasta ahora en la HispaCones y contamos con la ayuda inapreciable de Gay Haldeman para ponernos en contacto con todos lo autores que queremos que estén presentes (por desgracia ni ella ni Joe podrán venir, ya tienen comprometido el mes de julio del año que viene).
La AsturCon entraña varios riesgos. El primero y más evidente es el de ser fagocitados por la Semana Negra, un monstruo enorme e imparable que podría ocasionar que pasásemos desapercibidos. Desde el primer momento tuvimos en cuenta esa posibilidad y fuimos conscientes de la difícil pirueta que nos espera: aprovechar los recursos de la Semana Negra sin ser devorados por ella, mantener a toda costa la personalidad propia de una HispaCon.
Entretanto, aquí estamos, dispuestos a organizar la mejor HispaCon posible con nuestros medios y con un propósito fundamental en nuestras cabezas: que cuando los aficionados se pregunten unos a otros por la HispaCon de Gijón no recuerden el fiasco del '93 sino el éxito del 2000.
Os esperamos.
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Escritor y miembro del
Comando G (Grupo encargado de la organización de la Hispacón 2000) intenta convencernos -a su pesar- de ir el año próximo a
Gijón |