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Número 4

La AGASF, con ilusión inconsciente

Pedro Espinosa
  Detrás de una Hispacón siempre hay un grupo de personas, unidas por su afición a la ciencia ficción, que se encargan de organizar y coordinar las actividades. La joven Asociación Galega de Ciencia Ficción se ha encargado este año de esta tarea con el entusiasmo de los que quieren hacer las cosas bien y con la ilusión de los que están empezando.

Para esta asociación todo comenzó en 1996 durante unas jornadas sobre la obra de Stanislaw Lem que sirvieron para unir a un grupo de alumnos de Fí'sicas de la Universidad compostelana. Fue un primer contacto entre un grupo de amigos con una afición común. Juan Luis Pintos, fundador de la asociación y su actual presidente, los agrupó y así comenzaron las primeras reuniones, que al año siguiente se volvieron cada vez más habituales. El grupo fue aumentando y en 1998 nacía legalmente la Asociación Galega de Ciencia Ficción (AGASF).

Formada por gente diversa, la mayoría del ámbito universitario santiagués, cada jueves organizan una tertulia en la que charlan, más que debaten, sobre sus libros, comics o películas favoritas de cf. También se encargan de publicar un boletín cada dos meses que, en cada edicición, intenta superarse a sí mismo.

Ellos mismos se definen como una "panda de raros", que un buen día decidieron hacer zarpar el barco de la Hispacón.

La idea surgió en Burjassot, durante la anterior convención, cuando no existía ninguna asociación candidata para organizar la Hispacón 99.

El grupo gallego se ofreció voluntario con una doble motivación. Una, solidaria, es decir, evitar que la Hispacón perdiese su continuidad cuando no había garantizada sede para este año; y otra menos comprometida con la causa común, pero no por eso reprochable: dar a conocer la asociación a nivel autonómico.

Asumieron así un difícil reto y lo hicieron con ilusión porque sería la primera vez que un evento de estas características se realizaría en Galicia. Pero, tal y como confiesa Esther Filguiera, tesorera de la AGASF, fue una "ilusión inconsciente", la de los que empiezan con muchas ganas pero no saben del todo donde se meten.

Tras aceptar el compromiso de la organización comenzó el trabajo más duro: coordinar las actividades, contactar con los especialistas y buscar la ansiada financiación.

En este último aspecto, la AGASF está algo descontenta con las autoridades coruñesas, en concreto con el Ayuntamiento de Santiago y la Diputación provincial. Pero se lo toman con humor. El presidente ríe afirmando que la "mejor financiación es la del trabajo de los voluntarios". Ellos son Laura Cobas, David García, Manuel López, Eduardo Mallo, Mercedes Miniño y Alberto Rey, coordinados por Iñaki Fariña, secretario de la AGASF, Esther Filgueira y Juan R. Marticorena.

Tal y como afirmó el presidente durante el acto inaugural, la Hispacón 99 se rige por una "rigurosa organización completamente caótica". Con estas palabras define el esfuerzo de los voluntarios, que en su voluntad para que todo salga bien, se ocupan de las más dispares tareas: desde coordinar las inscripciones hasta repartir los desayunos, de colgar carteles a conectar ordenadores.

Pero el trabajo ha merecido la pena. Cuando el lunes se clausure la Hispacón 99 y la gran araña que preside la sala de exposiciones recoja sus enormes patas, los miembros y voluntarios de la AGASF podrán pronunciar dos palabras que les sonarán mágicas: misión cumplida.

Imagen de algunos miembros de la AGASF que están participando en Hispacón 99 .

 
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