| Otro compañero nos ha dejado.
Esta vez se ha tratado de un hombre modesto, casi anónimo, al que junto a Ignacio Romeo y Alfredo Benítez hemos de añadir en la triste agenda de los amigos muertos a los que recordamos en ésta Convención.
El madrileño Juan Carlos García Herranz era reservado, mordaz y muy tímido. Sabía de fantasía heróica más que la mayoría de los expertos y fue la primera persona con la que hablé cuando, hace bastantes años, ingresé en el Círculo de Lorhk y tomé mi primer contacto con el género.
Siempre se mantuvo al márgen de todo: odiaba las polémicas y escribía poesía, cuentos, ensayos... Se autopublicó, con el seudónimo de Juan Soñador en un meritorio volumen titulado Matrimonio de Dos Lunas, un curioso compendio de narrativa lírica inspirada en Lord Dunsany y Howard, sus grandes ídolos, cuyo primer ejemplar regaló a una amiga.
Recuerdo su amargura al comentar que, a los dos días exactos de haber regalado ese ejemplar que con tanto cariño escribió, lo halló de saldo en un puesto de la Cuesta de Moyano, a un precio irrisorio, junto a un buen montón de libros de oferta. Su amiga debió vender el libro la misma tarde que él se lo regaló, decía.
A Juan Carlos la amargura nunca le abandonó, con independencia de que la vida le tratara con mayor o menor indulgencia: era su tono vital, su postura.
Tuve la suerte de escribir con él Conan, Guía de la Era Hyboria, mi primer libro, un texto que con los años se ha revelado como una de las mejores guías del personaje.
Juan Carlos falleció hace unas semanas aquejado, entre otras dolencias, de un cáncer de piel con una serie de complicaciones que le impidieron seguir luchando, leyendo y escribiendo cuentos y artículos con ese cariño y escepticismo tan característico. Nunca venía a las convenciones. Pero cuando uno pasea por esta Hispacón, tiene la sensación de que anda cerca. Hasta pronto, amigo.
|