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Realizar un resumen de la ciencia ficción española publicada a lo largo de 1999, cuando aún no han aparecido todas las novedades de la HispaCon, puede parecer contraproducente. Sin embargo, se aprecian algunas tendencias y, por lo que sé, es improbable que haya que añadir mucho más material de interés al listado que a continuación podréis leer. Por lo cual puedo afirmar sin temor a equivocarme que nos hallamos ante una cosecha más bien flojita, escasa en buenas historias, aunque con momentos deslumbrantes. Estos son, en mi humilde opinión, los relatos destacados del 99, agrupados según lo que podríamos denominar "generaciones literarias".
En primer lugar, los "veteranos". Me refiero a ellos como aquellos autores con una obra dilatada, pongamos que desde los tiempos de Nueva Dimensión y Maser, y casi todos saben ya lo que es publicar de manera profesional.
Ángel Torres Quesada ha editado este año en Espiral su novela corta Un paraíso llamado Ara, space-opera de "primer contacto" y tintes policiales que merece ser citada aquí, aunque sea por el oficio del autor. Por encima de sus más recientes trabajos.
Rafa Marín destaca en 1999 con "Ragnarok en las playas de Ítaca" (Artifex nº1), donde mezcla los mitos clásicos con un extraño hospital psiquiátrico, en un relato cuya fuerza se ve difuminada por el previsible desenlace. Puro cómic, confirma el dominio del autor en extensiones breves.
Juan Miguel Aguilera consigue con "Hardcore" (BEM nº69) salvar una idea en principio insalvable, mera trasposición de un guión de cómic guarrete, a base de unas explicaciones finales bastante convincentes. Se lee muy bien.
Por último, Rodolfo Martínez vuelve a tener un año "tonto", publicando en todas partes. Destacaremos el original relato "Tarot" (Gigamesh nº 19), cuyo protagonista juega una de las partidas de cartas más originales y alucinantes que se han descrito en la cf española. Tampoco hay que desdeñar las bondades de "Territorio de pesadumbre" (Pepsi/Semana Negra), interesante ejemplar de cf clásica, y la novela El abismo te devuelve la mirada (Ed. Tempore), un policíaco con elementos borgesianos que, a falta de novelas nacionales en Nova, huele, y mucho, a premio Ignotus (a no ser que Ray Loriga dé la campanada con Tokyo ya no nos quiere).
A continuación hablaremos de la "generación del 91/92", que no tiene mucho de generación pero parece una buena manera de identificar a los autores surgidos con el "boom" de principios de década: César Mallorquí, Javier Negrete y compañía.
León Arsenal confirma con "En las fraguas marcianas" (Artifex nº1) que lo único que le falta para ser considerado uno de los mejores escritores del género es publicar un par de libros (Máscaras de matar, por ejemplo). Se trata de un magnífico homenaje a los space-opera de siempre, escrito como los buenos relatos de ahora. En mi opinión, lo mejor del año, salvo sorpresa de última hora. Al fin y al cabo, ¿a quién coño le importa que no se explique lo que sucede en las fraguas?
Félix J. Palma, que en un par de años ha publicado tres libros y se codea ya con los mejores cuentistas del mundillo de la literatura general, publicó en Artifex nº1 un adelanto de su antología Métodos de supervivencia (Ayuntamiento de Cádiz), el relato "Encuentro en el fondo de un estanque", pieza breve pero intensísima que trata con sensibilidad inigualable un trauma de infancia.
Si la del 91/92 ha demostrado ser una generación brillante, la del 94/95 no le anda a la zaga. Todos sus autores destacados publicaron este año, aunque el recomendable cyberpunk "El complejo Rozenburg", de Manuel Díez Román (El Melocotón Mecánico nº4) no deba ser reseñado aquí, puesto que se trata de una reedición.
Armando Boix es la figura más solvente de esta generación, aunque en el 99 ha estado más ocupado con sus facetas de director de Stalker y de escritor de novela juvenil. No obstante, el relato "Las razones del nómada" (Artifex nº2), sin acercarse a sus mejores creaciones, nos ofrece una hermosa historia narrada con el magnífico estilo del sabadellense.
Pese a no estar a su mejor nivel, Eduardo Gallego y Guillem Sànchez publicaron el relato "Como caído del cielo" (en Impactos en el Tercer Milenio, Espiral nº16), que tiene el valor añadido de servirnos como preludio (o "precuela", como parece que hay que decir ahora) de sus posteriores historias del Unicorp.
Quien sí ha estado sembrado es Daniel Mares, que con "Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya" (Artifex nº2) nos regala uno de los mejores y más divertidos relatos publicados en mucho tiempo, la historia de un cazador de ogros en la España rural del franquismo. Las carcajadas están aseguradas. Aunque en un tono menor, también es muy divertido "Pubiscidad" (en Impactos en el Tercer Milenio), desaforada crítica de un futuro invadido por la publicidad más inescrupulosa que os podáis imaginar.
Muy similar a "Gómez Meseguer..." es "El catador", de José Miguel Pallarés (Gigamesh nº20), otra historia de postguerra, ésta en clave de realismo mágico. Divertida pero con mucha más mala leche, nos ofrece una galería de personajes a cual más patético. Para leer con calma: lo merece.
Carlos Fernández Castrosín vuelve, después de un par de años de silencio, con la curiosa novela Los subterráneos (Espiral nº 17), en la que, sin prescindir de sus insobornables gustos "literarios", se lanza a escribir aventura por la aventura. Cuesta asimilarla, pero acaba gustando. Castrosín abre nuevos caminos al género en España con esta fantasía de "qualité".
Eduardo Vaquerizo alcanza cotas insuperables de barroquismo estilístico en el hermético pero precioso relato "Una esfera perfecta" (Artifex nº1). No os pese releerlo un par de veces antes de renunciar a comprenderlo en su integridad: no es tarea inútil. Más legible pero no menos recomendable es "Aliento de sombras" (Bucanero nº10), una narración cercana al terror, si bien un tanto previsible.
Y llegamos por fin a la "generación del 98/99". Se han hecho esperar, pero aquí están. Ellos son el recambio generacional, los ¿futuros? premios Ignotus, Pablo Rido, UPC. A algunos aún les falta un poquito para empezar a ofrecer obras realmente destacables (la gente de El Melocotón Mecánico, especialmente Jorge Mangas, Manuel Jesús Garrido y Francisco Fernández Miser; y, en otras publicaciones, Alejandro Vidal, David Soriano, Guillermo Boyra...), pero apuntan innegables maneras y cabe augurarles un futuro prometedor. Otros ya están ofreciendo buenos relatos. Hay quien no desdeña las extensiones largas (Juanjo Sánchez Arreseigor, Juan Antonio Fernández...). Y queda la incógnita del Visiones 1999, que aún no he leído y estará compuesto por autores en su mayoría noveles.
En mi opinión, el miembro más destacado de esta generación es Ramón Muñoz. Su relato "Días de tormenta" (Gigamesh nº17) fue tal vez la sorpresa del 98. En el 99 vuelve a brillar con la dureza de "El paso del mar calmo" (Artifex nº2), otro relato sin concesiones al lector, en esta ocasión centrado en un Mar del Norte devastado por una catástrofe ecológica de dimensiones planetarias. Uno de nuestros autores más exportables, por calidad, por temática y por estar escribiendo una cf similar a la anglosajona, sin por ello perder sus señas de identidad autóctonas.
Con Carlos Pavón sucede algo parecido, aunque tal vez peque de un excesivo mimetismo con respecto a la cf anglosajona. En "Poetik GmbH" (Gigamesh nº18) escribe una historia que muy bien podría haber surgido de Greg Egan. Otro autor a seguir.
Raúl González Zorrilla sorprendió con "¿Qué haces después del caos?" (Bucanero nº11), un elegante policíaco muy bien llevado que consigue demostrar que para escribir un buen cyberpunk no es necesario imitar de mala manera a Raymond Chandler ni a William Gibson. En mi opinión, el "tapado" del año.
Javier Lachica lleva unos cuantos años con su serie "Halo", pero lo incluyo aquí porque hasta 1999 no había publicado un relato redondo. "Triste consciencia" (Bucanero nº 12) es otro cyberpunk de nivel, en esta ocasión con telépatas y demás personajes "especiales".
Por último, destaquemos "Fuego sobre San Juan", de Pedro García Bilbao y Javier Sánchez-Reyes (Premios UPC 1998, Nova), una apreciable ucronía en la que España vence a Estados Unidos en la guerra de Cuba. Mejor elaborada que escrita, merece la pena, y mucho, adentrarse en el mundo alternativo que nos propone.
En resumen, ha sido un año tal vez un poco más flojo que los anteriores, ya lo he dicho, pero con momentos verdaderamente brillantes, como "En las fraguas marcianas", "Una esfera perfecta", "Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya", "El paso del mar calmo", "Tarot", "El catador" o "¿Qué haces después del caos?". Un año en el que el abanico temático se ha ampliado y, a los tradicionales space-operas y cyberpunks, hay que añadir buenas ucronías, relatos de fantasía "castiza" y cf "a la última". Parece que se está produciendo un relevo generacional que ya venía siendo necesario, al tiempo que se confirma la hegemonía del tándem Artifex-Gigamesh, seguidos a poca distancia por Bucanero. Lo cual no tiene nada de particular. Hubo una época en que los buenos cuentos eran patrimonio exclusivo de BEM y Cyber Fantasy; más tarde, de BEM, Núcleo Ubik, Parsifal y las antologías Visiones. En la actualidad, todo queda repartido entre Artifex, Bucanero y Gigamesh. Guste o no guste, esto es lo que hay.
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