Pulsa aquí para ir al Indice del Códice Estelar Pulsa aquí para entrar en la página de AGASF
Anterior ] Indice ] Sumario ] Siguiente ]
Número 5

Bucanero: la mirada tras el parche

Pedro Alcántara
  A finales de 1995, coincidiendo en lo que para ambos era un final de etapa, Carlos González y yo sumamos nuestras fuerzas para pergeñar un fanzine que iba a ser diferente a todos los existentes -según pensábamos entonces-. Tendría un estilo algo retro, una clara línea estética que le diera carácter, una amplitud de miras hacia todo lo que estuviera siquiera mínimamente relacionado con la ficción, y la férrea voluntad de escapar a cualquier precio de esas refriegas tan habituales en nuestro gremio.

Nuestra tripulación era entonces corta: los mencionados y algunas personas que habían colaborado con nosotros previamente como Daniel Alonso, que se estaba entonces formando como ilustrador, y Javier Lachica, al que afortunadamente fuimos capaces de incorporar.

Contábamos además con algunos contactos interesantes: Joe Haldeman o Vernor Vinge entre los extranjeros; Francisco Arellano, Pedro Martín y Domingo Santos entre los nacionales. La actividad posterior y la ayuda de muchos compañeros nos abrieron otras puertas. Comenzamos pues a escribir artículos, algunos relatos, y a traducir obras extranjeras, muchas veces inéditas.

Un hito en nuestra andadura, que se produjo pronto aunque su comienzo fuera decepcionante, fue la posibilidad que los amigos de la Editorial Miraguano -gente noble siempre dispuesta a apostar por el género local- nos abrieron al patrocinar un concurso de relato, que ha seguido hasta nuestros días. Digo que su comienzo fue decepcionante porque su primera edición tuvimos que declararla desierta.

A lo largo de los sucesivos números que se iban acumulando en nuestras estanterías tuvimos la suerte de contar con la colaboración de muchas personas con las que estamos en deuda. Algunos dibujaron, otros escribieron, otros nos sirvieron de contactos, otros simplemente dieron ánimos. Pasaron por nuestras páginas Joe Haldeman, Vernor Vinge, Domingo Santos, Luis Vigil, Bruce Sterling, Walter Jon Williams, Manuel Díaz Román, Rodolfo Martínez, Javier Lachica, Félix Palma, Pedro García Bilbao, David Soriano, Mark Bourne, Eduardo Vaquerizo, Fernando Bendala, Armando Boix y José Miguel Pallarés, entre otros. Salta a la vista que se trata de una tripulación con la que cualquier capitán se arriesgaría a navegar.

A lo largo de los doce números que hasta el momento hemos cometido hemos pasado por los altibajos que todo editor detesta, pero que son inevitables. Quizá valga la pena destacar los dos números especiales que dedicamos respectivamente al movimiento Cyberpunk y a la Inglaterra victoriana. Si el primero de ellos fue un gran esfuerzo de relaciones públicas (hay que tener en cuenta que en aquel entonces éramos casi desconocidos y que en él aparecen muchas y brillantes firmas), el segundo fue una labor ímproba de documentación, imaginación, difícil búsqueda de documentos gráficos, redacción y diseño gráfico que se convirtió de hecho en casi un semestre de trabajo.

Volviéndonos hacia el camino que hemos recorrido, hay muchas cosas positivas que rescatar de la experiencia: la labor de sincronización de un equipo que trabaja exclusivamente porque le gusta su trabajo, las excelentes relaciones establecidas con buena parte del mundillo (la otra parte no se nos ha puesto nunca a tiro, qué se le va a hacer), el impagable regusto a independencia que todo el mundo debería probar, y también algún trabajo propio que ha quedado a satisfacción.

Si algo puede uno lamentar es quizá la sensación de que para estar uno en paz con el mundo, la única fórmula es estar en mar abierto. Es fácil decirlo cuando lo que hemos hecho ha sido siempre navegar en busca de presas y aparecer por sorpresa en la bocana del puerto a soltar nuestra andanada antes de desaparecer como alma que lleva el diablo.

Hace ya cuatro años que Carlos González y yo pusimos cada uno cinco mil pesetas encima de la mesa y nos jugamos el nombre del fanzine a la pajita más corta. Perdí, y sería difícil ahora expresar cuánto me alegro de ello, pues el nombre, se coja por donde se coja, ha resultado ser perfecto.

Nos avisaron entonces del fatídico número tres, que marca la frontera de la supervivencia; nos dijeron también que las tensiones en el equipo daban al traste con cualquier buena voluntad original. Nada de eso pasó, pero ahora, tras haber vivido intensamente la experiencia, nuestras mentes vuelan hacia otros asuntos, y nuevas obligaciones exigen atención, así que, como corresponde a la cofradía de los caballeros de fortuna a la que pertenecemos, hicimos conciliábulo en cubierta y decidimos unánimemente disolver el contrato que nos ligaba en marejadas y calmas chichas. Ese hundimiento tiene fecha y lugar, para que nadie pueda decir que si dejamos cosas a medias o que un motín dio con el barco en el fondo del mar.

Hemos evolucionado con el tiempo -pobre del que no lo hace- y nos parece a todos que es hora de que la pluma sea más fuerte que la espada, así que probaremos suerte dedicándonos esta vez más a escribir que a publicar. Y saltamos también a otros medios que requieren menos de esas labores que hacen de la publicación un calvario: el coste y la distribución. A partir de ahora publicaremos cosas propias y ajenas en Internet, como otros ilustres colegas. Algunos de los que nos han honrado antes con su presencia han repetido con nosotros, enriqueciendo con su presencia nuestro nuevo proyecto, Horror Vacui (http://www.HorrorVacui.zzn.com)

Como colofón, nada mejor que agradecer a aquellos que nos han apoyado durante estos años: Miraguano, nuestros lectores y especialmente los suscriptores, colaboradores, amigos. 

El faneditor despide la travesía de Bucanero

 
Anterior ] Indice ] Sumario ] Siguiente ]