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Número 6

Lamento del fan arruinado tras la convención

Juan Manuel Santiago
  ¡Por caridad! ¡Una limosnita para este pobre aficionado incauto que viene de allende Piedrafita a su primera HispaCon y ha cometido el error de creer que con el dinero que traía le iba a alcanzar! ¡Denme algo, por Dick se lo pido, que ni para pagar el hotel me llega, y ya me veo condenado a regresar haciendo dedo! ¡Una limosna, por caridad, que me lo he pulido todo en libros, fanzines y revistas! Apelo a sus corazones, señoras y señores, ¡no soy un comprador compulsivo!, ¡se lo puedo explicar todo! ¡Creo que merezco el beneficio de la duda!

Fue inevitable. Tarde o temprano tenía que suceder: tiempos muertos entre acto y acto, el dios de la lluvia llorando sobre el fandom, la cafetería fuera del local... Fue inevitable: tuve que "hacer pasillo" junto a los tenderetes de las diversas publicaciones. Los editores, que a la sazón se hallaban allí cuidando del negocio, fueron en extremo amables conmigo, me colmaron de atenciones, me recomendaron la adquisición de LA NOVEDAD de turno y, a la noche, en la habitación del hotel, en vez de descabezar un sueñecito (pues me había pasado la noche anterior en blanco, con el autocar traqueteando de manera innoble), fui leyéndome uno por uno todos los ítems en que a lo largo del día me había ido gastando mi presupuesto para contingencias. ¡Sí, fui un pardillo, lo reconozco!; pero háganse cargo: es mi primera HispaCon. ¿Cómo no sucumbir a los encantos del Artifex nº2 (con ese divertidísimo cuento de Daniel Mares o la estremecedora historia de Ramón Muñoz), Stalker nº6, Gigamesh nº 22, BEM nº 70 (¡setenta números! ¡qué barbaridad!), Bucanero nº12, El Melocotón Mecánico nº6 (¡qué obra maestra, "El hombre que perdió el mar", de Theodore Sturgeon!)? No pegué ojo en toda la noche, lo cual acaso me hizo perder algo de lucidez. Así se explica lo que sucedió.

¡La debacle! Una vez adquiridas las pertinentes novedades editoriales de Nova, Minotauro, Mundos Imaginarios, Norma y La Factoría de Ideas, volví a caer junto a los consabidos tenderetes. Pude comprobar que no sólo había revistas y fanzines: ¡también tenían libros! Ellos lo llaman "ediciones no profesionales", pero, para el caso, son libros. Allí volvieron a darme conversación los editores, que si qué te parecieron los fanzines que te llevaste, que si cuáles son tus autores favoritos, que si llévate este libro que seguro que te va a gustar... Lo típico. Cuando quise darme cuenta, llevaba la mochila a punto de estallar. No recuerdo mucho de aquella noche, entre el jijí jajá de la cena de entrega de premios y la trompa que agarré. Sólo sé que, al regresar al hotel, me di una buena ducha fría y le eché un vistazo a mis adquisiciones. Espiral - Ciencia Ficción me sorprendió por sus portadas a color. El nacimiento de Baas, del novel Roberto Ruiz, apunta maneras y es entretenido. Impactos en el Tercer Milenio es una de las pocas antologías temáticas que se han hecho en España y, aunque es muy irregular, tiene el mérito de que colaboran todos los autores que han publicado en esta colección. Y Los subterráneos, de Carlos F. Castrosín, es una novela de aventuras muy bien escrita. Cuando acabé con Espiral, me empleé con los libros de Silente Ediciones. Me lo pasé pipa con las novelas de la serie de los Aznar, de George H. White, así como con la novela Tarsis, de Mario Moreno, ambientada en el mismo universo, aunque tenía que recurrir de vez en cuando a Viajes de los Aznar, de Pedro García Bilbao y Carlos Saiz Cidoncha, para no perder el hilo de la serie. Tampoco me disgustaron las Crónicas del Imperio Galáctico, de Cidoncha. Por último, di buena cuenta de los dos tomos de Cuentos de Tierra Vaga, de Enrique Lázaro, editados por Artifex. Me sorprendió la lógica enrevesada pero subyugante de sus situaciones, de lo mejor que he leído de cf española... Y me volvieron a dar las diez de la mañana sin haber dormido.

(¿Les he dicho ya que en cierta ocasión hice un curso de lectura rápida? Tengo estudios, no se vayan a creer. Por eso me resulta humillante verme en esta tesitura, pero, ¡es que no tengo más remedio! ¡Por Asimov, una limosnita, que llevo todo el día royendo huesos de aceituna del suelo!)

Al día siguiente, con la lista de los Ignotus en la mano, fui comprándomelos uno a uno. Busqué las ediciones y números de revistas y fanzines en que estaban publicados, y descubrí que había mucho más material del que había sospechado. Iba a solicitar asesoramiento cuando, uno tras otro, me asaltaron sucesivos aficionados, todos con la misma consigna: "¡Pero cómo!, ¿todavía no te has asociado a...?" Como soy algo pusilánime y estaba que me caía de sueño, me dejé convencer, y ahora soy socio de la AEFCF (más que nada, por el boletín Pórtico, las antologías Visiones 1999, seleccionada por Juan José Aroz con relatos de autores noveles, y Fabricantes de Sueños. Selección 1999, resumen de 1998 editado en colaboración con casi todas las publicaciones del fandom), la AGASF (sobre todo por el excelente boletín Finis Terrae, que tiene muy buenos artículos divulgativos y un aspecto inmejorable), y, de perdidos al río, Los Diletantes de Lovecraft y la Asociación El Parque, que edita El Centinela. Suficiente material como para dar cuenta de él en la soledad de mi habitación. Nueva ducha fría y a leer, esta vez con la intención declarada de dormir algo después de la lectura, pues llevaba tres noches en vela. En vano. No habría cabeceado ni medio minuto, cuando llegaron hasta mí los ecos de una juerga: los asistentes a la HispaCon se despedían, pues al día siguiente se cerraba el chiringuito y no volverían a verse hasta julio del 2000, en Gijón. Tuve la inmensa mala fortuna de que vinieron a instalarse en la habitación contigua, con lo cual pasé mi cuarta noche consecutiva sin dormir.

Y así nos plantamos en la jornada de clausura. Me levanté pronto, con la intención de dejar la habitación desocupada y pagada lo antes posible. Mas cuál no sería mi sorpresa cuando, al ir a abonar la cuenta, descubro que no me llega: algún gracioso me había dado como cambio de diez mil unos cuantos billetes de trescientas cincuenta y siete pesetas (sic) con el rostro impreso de alguien a quien juraría haber visto en la HispaCon: varón, de entre veinte y cincuenta años (no se distingue bien: los billetes están muy manoseados), con gafas y una sombra que no está muy claro si es barba o perilla. O sea, cualquier asistente a la HispaCon. Debí de resultar muy persuasivo, o acaso mi desesperación les pareció sincera, pues los encargados del hotel se desenfundaron sus puños americanos y me concedieron unas horas para reunir la cantidad adeudada. De lo contrario, quemarían mis maletas. Aterrorizado, recuerdo como en sueños -creo que ya no discierno lo real de lo irreal, tal es mi estado- haber llegado a la Facultad dispuesto a deshacer mis suscripciones. Demasiado tarde: todas las asociaciones habían desmantelado ya sus tenderetes. Resolví descambiar algunos ejemplares adquiridos a lo largo de la HispaCon. El primero de los editores con quienes me encontré meditó largo y tendido y, con una maquiavélica sonrisa dibujándose en su faz, me propuso un trato: me regalaría cuantos ejemplares quisiera de sus publicaciones si le hacía algunos favores. Escuché incrédulo, pero el sueño atrasado y la agresividad acumulada me nublaron el entendimiento. Me limité a cumplir sus deseos. Al fin y al cabo, las movidas personales entre editores no son de mi incumbencia; además, me permitió llevarme todo el material de mi gusto y, por si fuera poco, nada más ver aquel careto y oir aquellos gritos implorando auxilio supe que aquel sujeto era el mismo que me había estafado con los billetes falsos y cuyos gritos me habían dejado toda la noche sin dormir. Pareció un accidente. Más tarde, cuando hallaron sus restos y declararon día de luto oficial, aproveché los momentos de llanto y confusión para afanar los ejemplares que me faltaban, de modo que ahora he reunido el material más interesante de los últimos meses.

Así, tengo en mis manos el Artifex nº1 ("En las fraguas marcianas", de León Arsenal, es tal vez el mejor relato español del año, aunque el de Eduardo Vaquerizo no le anda a la zaga), los BEM nº67 (divertido relato de Robert Sawyer, mezclando a Sherlock Holmes con la mecánica cuántica y la paradoja de Fermi) y 69 (dedicado, como no podía ser menos, al sexo y la ciencia ficción, con un guión de cómic de Juan Miguel Aguilera y un artículo de Eduardo Gallego y Javier Redal), los Gigamesh nº 18 (con el magnífico relato de Rodolfo Martínez, el interesante debut de Carlos Pavón y el artículo de Armando Boix sobre los decadentistas franceses), 19 (buen relato de Connie Willis y polémico artículo sobre Heinlein) y 20 (preciosa portada y gran relato de José Miguel Pallarés), el Melocotón Mecánico nº3 (con un excelente artículo de Raúl David Gonzálvez del Águila sobre George Orwell), todos los Stalker que he podido pillar (me sorprendió el artículo de Armando Boix en el nº5) y algún que otro Uribe, para estar bien informado. También me llevé el último ejemplar del nº81 de la mexicana A Quien Corresponda, que es otro especial ciencia ficción española con algunos de los mejores relatos y autores nacionales de los 90.

De modo que aquí me encuentro, arruinado, sin haber dormido desde hace casi cinco días, a escasos minutos para que expire el plazo que me dieron en el hotel para pagar y de paso recuperar mis preciadas pertenencias. Mi situación es desesperada, ¡hágase cargo! ¡Por favor, déme algo, lo que sea! ¡Una limosnita, se lo suplico!... ¿Cómo?... ¿Que deje de dar la vara, que no dejo conducir al conductor del coche celular?... ¿Que me acusan de asesinato?... Ya le he dicho, llevo mucho tiempo sin dormir y ya no sé ni quién soy...

Escritor y crítico

 
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